Si creí que en ese momento alguien podía ayudarme, sinceramente estaba equivocado, era imposible, mi mente sólo giraba en torno al eje de una ciudad plagada de inexistentes almas, mi cigarrillo se estaba acabando, al igual que mi prolongada pero innecesaria existencia, de pronto pensé lo que pudo haber sido todo eso, si en ese instante pudiera haber dicho sólo una palabra para cambiar, quizás, completamente mi destino. Ahora estoy solo, nadie es capaz de ayudarme, ni mi orgullo me permite que alguien lo haga, siento que mis huesos a veces no logran sopesar mi existencia cargada de momentos amargos que contrastan con los felices años que pasé con ella, ahora sólo vivo de la caridad de la gente que pasa a mi alrededor, estoy casi completamente acabado, a ratos olvido incluso mi nombre, las calles parecen ser mi únicas compañeras en mi olvido, las nubes lloran de risa por la manera en que me enteré de que las cosas nunca estuvieron bien como pensé. Ya no me preocupa nada, ni siquiera el hecho de que los últimos suspiros son los que estoy dando en este instante tan ajeno y sobrecargado de remordimientos y culpas.
La soledad me educó y viviré así hasta el fin de mi exigua existencia, será que me enamoré o me hice demasiado dependiente de ella, que fue mi única amiga y me enseño como vivir en un mundo lleno de paradigmas inútiles que no sirven nada más para que coartar o mitigar el dolor causado por una vida vacía sin sabor ni color que pueda contrastarla, a muchos nos dio la suerte de vivir así.
Ahora mi consuelo es la única arma que poseo para defenderme de mi conciencia, mi tristeza, mi abandono.
La vida y la felicidad que conocí fueron instantes, instantes que creo no haber vivido solo, porque en alguna parte del universo una gran parte de nosotros pensamos lo mismo, sólo instantes, de lo demás se aprende y lo inútil va quedando detrás con nuestro sufrimiento. Sólo veo ahora su presencia tan tenue, tan lejana, ni su luz puede alumbrar un más mínimo instante en éste pequeño drama que hago llamar vida. Quizás ahora logré esconder profundamente lo que pude llegar a sentir en esos anacronismos que dejaron mi existencia descolocada en el espacio que compartimos, redundando en lugares en los que jamás vivimos, ni siquiera por la fuerza de nuestras almas, ni en nuestras ansias de descubrir lo que verdaderamente fuimos.
Comienzo…
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